La mayoría de los trabajos dentales: extracciones, implantes, cirugía, etc. no dejan de ser fuertes traumatismos que el cuerpo tiene que liberar y equilibrar. Este proceso está condicionado por la duración y embergadura del trabajo dental.
Estos traumatismos alteran la movilidad y estructura de los huesos del craneo y por consiguiente a la pulsación del sistema craneosacral. En la mayoría de los casos estas alteraciones son liberadas y reequilibradas de forma natural por nuestro cuerpo si éste se encuentra relativamente sano y fuerte, pero si esto no es así, el cuerpo no es capaz de reajustar por sí solo las posibles alteraciones del trabajo dental, pudiendo causar dolores de cabeza, mareos, dolor de oídos etc. La terapia craneosacral es muy efectiva en estos casos, sobre todo si se utiliza a nivel preventivo después de tratamientos dentales especialmente agresivos y de larga duración.
Otro de los casos en los que se utiliza la terapia es en los problemas de la articulación temporomandibular como el bruxismo. Los problemas en esta articulación suelen estar asociados con otra serie de síntomas como dolores faciales, dolores de cabeza, nuca, oído, etc. este conjunto de síntomas es bien conocido por los dentistas, ellos a menudo intentan remediar esta situación alineando la mandibula y colocando placas de descarga. Al mismo tiempo la terapia craneosacral es de gran ayuda para libear las tensiones contenidas en la mandíbula y en las estructuras que la rodean (cabeza, cara y cuello). Con casos de estas características se puede trabajar en colaboración con los dentistas.
|